¿Qué es la logopedia? Esa fue mi pregunta…

¿Qué es la logopedia? Esa fue mi pregunta cuando, eligiendo posibles carreras para estudiar, mi madre me la mencionó; y es la pregunta que tantas veces he escuchado en mi vida… ¿Qué es la logopedia? Actualmente, tras ya más de 20 años haciendo logopedia, cuando me lo preguntan lo resumo en que es la terapia de la comunicación. (No es una definición completa ya que faltarían  las funciones orales no verbales – problemas dentofaciales, deglutorios… -, pero sí refleja lo más visible). Para mí, además, es un oficio absolutamente vocacional que me motiva para intentar hacer el mundo algo más fácil a las personas con las que trabajo.

Creo que es acertado decir que nada más conocer en qué consistía, algo en mi interior supo que era mi camino, ya que con diecisiete años me desplacé a vivir a Salamanca para poder estudiarla. Allí descubrí cómo las dificultades en la comunicación pueden torpedear el correcto desarrollo de la vida de las personas, ya que relacionarnos es, tal vez, lo que verdaderamente nos hace humanos.

Recuerdo que una de las primeras cosas que más llamaron mi atención, fue descubrir el perfecto engranaje que lleva al ser humano a comunicarse. Cómo el cerebro es el que inicia desde pequeños el etiquetado del mundo que nos rodea, luego, ese etiquetado, es estructurado correctamente para trasladar ideas creando oraciones. Eso se convierte en un lenguaje. Que ese lenguaje tiene unos mecanismos para salir fuera de nuestro cuerpo que convergen en el habla, que es como transformamos ideas o pensamientos en sonidos audibles al resto, para conseguir agilizar el proceso de interacción con el mundo. Cómo ese habla requiere un sonido, que como todo sonido son ondas – unas ondas generadas por un increíble órgano del cuerpo, que además, nos ayuda a tragar – moduladas en la boca y convertidas en habla para traducir ese lenguaje que generamos en nuestra cabeza; y como todo ese proceso resume y trata de coordinar esa necesidad tan humana que es la comunicación.

Desde niño me ha interesado mucho la comunicación, el entender las cosas y saber expresarme correctamente; el ser capaz de trasladar lo que en mi interior se cocía siempre fue un reto para mí y por eso cuando conocí lo que es la logopedia, se abrió un nuevo mundo para mí, un mundo en el que desde entonces me mantengo inmerso.

 

Adoro mi oficio, que es en lo que finalmente se convirtió, porque me gusta ver como una persona que tiene dificultades en alguna de estas facetas de la comunicación consigue algún pequeño logro y ve su vida (y la de su entorno) facilitada. Gente que arrastraba un problema de voz desde hacía años y que de repente puede volver a utilizarla, a cantar como le gustaba… Personas que después de un ictus no eran capaces de comunicarse y empiezan a hacerlo de nuevo de alguna manera. Niños a los que les está costando adquirir el lenguaje o el habla y que poco a poco consiguen expresarse mejor. Alguien que puede volver a comer tras meses alimentado por sonda. Esa satisfacción de dar un alta es lo que más puede enriquecerme como persona, porque la mayoría de las veces, no son los logros logopédicos obtenidos, sino la vivencia de ayudar a una persona, de estar a su lado, de sentirme parte en sus vidas.

Esto es para mi la logopedia: un trabajo que no sé si he elegido yo o si él me eligió a mí.