VOCES CON CLASE: amy winehouse

Bienvenidas a Voces con clase, el espacio en el que destripar el sonido procedente de las más diversas y recónditas laringes. Voces majestuosas o cutres, cavernosas o cefálicas, límpidas o canallescas, admirables o esperpénticas… variadas y diversas pero con el común denominador de poseer la capacidad de impresionar, de llegar adentro, de introducir sus ondas sonoras en los humores viscosos de quien las oye.

Hoy con todos ustedes, la maltrecha Amy Winehouse.

A mi modo de entender la creación musical, la calidad y el éxito comercial no siempre van de la mano (rara vez, para mi gusto), sin embargo con la Señora Amy Jade Winehouse hay que hacer una excepción y quitarse el sombrero, para saludar a una artista como la copa de un pino y a una voz absolutamente hipnótica y embriagadora. Tan es así, que le costó muy poco ser detectada por las altas esferas del mercado musical y firmó un contrato con una gran multinacional, Island Records (filial de Universal Records), con tan solo 18 años. Esta prematuridad, probablemente le pasó factura, y contribuyó a que una industria despiadada y voraz le empujara a su temprano y sonado apocalipsis.

Nacida en Enfield, municipio del norte del Gran Londres, en la década de los ochenta, en el seno de una familia con intereses musicales; su padre era cantante aficionado, y varios de sus tíos eran músicos profesionales, además, su abuela (paterna) regentaba un Club de Jazz, siendo esta música una fuente de inspiración de la que Amy bebió en abundancia durante su infancia: Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y sobre todo Sarah Vaugham y Dinah Washington, fueron de sus primeras influencias y dejarían un poso enorme en su visión de la música y en su forma de cantar. Además, de origen judío, no era muy religiosa pero si que refirió gran gusto por el Gospel por ser un estilo muy auténtico, entendiendo que la relación que se tiene con tu dios es de lo mas puro e inspirador. Mahalia Jackson o Aretha Franklin, fueron dos cantantes de Gospel que también dejaron buena huella en ella. De ahí parte su pasión por toda la música negra (Billy Holliday, Ray Charles o Nina Simone) que siempre estuvo presente en su música y a la que volvió de manera más explícita en su segundo disco, Back to Black (2006). Tenía un hermano un par de años mayor que ella, que sin duda colaboró en abrir el espectro musical de los gustos de Amy, de este modo conoció a las neoyorkinas Salt´N´Pepa y su Hip-hop, sumando un nuevo estilo a sus influencias musicales.

El caso es que con trece años le regalaron una guitarra y casi de seguido comenzó a tocarla y a componer. Para los dieciséis años ya tenía su propia banda de femenina de Jazz y daban conciertos por locales londinenses, y al poco tiempo su novio músico de entonces entregó una maqueta a su representante y Amy consiguió su primer contrato. Todo meteórico y así continúa hasta que en un par de años, una gran discográfica se interesa por ella y sacan al mercado Frank (2003) su álbum debut (con ese nombre en homenaje a Frank Sinatra). Parece ser que uno de los motivos de que todo fuese tan rápido era que trabajar con ella en esta época debía ser facilísimo, ya que componía y se aprendía los temas a velocidad de vértigo y rara vez se equivocaba o desafinaba, por lo que las grabaciones eran rápidas y de gran calidad.

En su forma de cantar confluyen una serie de factores que le convierten en una de las grandes voces femeninas del siglo. Su amor por la música negra y por el jazz le aportaron un manejo de los resonadores nasal y facial que da a su voz una sonoridad penetrante; su afición a la música negra combinada con el hip-hop, una cadencia y un fraseo particular; y su acento cockney, un estilo canallesco y auténtico de difícil simulación. Poseía una voz de contralto (tesitura femenina más grave) con más de tres octavas de registro, y un oído musical muy fino y desarrollado, lo que le permitía moverse con gran facilidad entre sonidos muy diversos. Sin duda, ese deje nasal, propio de la música negra, que evoca nostalgia, tristeza, impregna de sentimiento sus temas; sin embargo, no llega a empalagar, no es excesivo ni pesado. Resuena en un paladar elevado, que aporta una gran sonoridad, redonda, envolvente, y lo deja subir de vez en cuando a las fosas nasales, con chulería pero con gusto. Por lo tanto, teníamos a una mujer de gran cultura musical, de sutil pero imponente presencia en el escenario y dueña de un taladro vocal perforador de corazones. La única pena, su pronta ausencia. Nos dejó dos regalazos.

Podría poner Back to black, Rehab, Love is a losing game o Stronger than me, como temas más icónicos y representativos de su carrera, pero me vais a permitir aconsejaros su versión de la canción de los jamaicanos Toots & the Maytals, Monkey man (1969), (publicada en la edición deluxe de Back to black en 2008). Es una canción que muestra que sus gustos musicales por la música negra no se limitaban al gospel, jazz o blues, sino que también le llenaban ritmos como el reggae y el ska; y también, cómo se movía del grave al agudo con maestría.
Descansa en paz, coloso.